Bestia mercado retro especulación

Muy posiblemente nada de lo que aquí diga va a cambiar lo ya establecido (o sí, quien sabe). Pero no por eso hay que callar y agachar la cabeza cuando no solo se puede opinar sino, tal vez, ayudar con ello a que otros reflexionen. Así que, tras hablarlo, mi compañero Suso y yo hemos decidido colaborar escribiendo sobre un mismo tema, el del mercado retro, cada uno desde un enfoque propio y personal. Si queréis conocer el suyo, visitad su blog. Para el mío, seguid leyendo…

La base de todo el problema

El libre mercado, premisa fundamental del sistema en el que vivimos y que nos dice que somos libres para comprar y vender, siempre y cuando los artículos con los que se comercia sean lícitos. En muchos sectores existe una regulación para evitar casos de competencia desleal y otros problemas derivados pero, en lo referente a las posesiones particulares, tal regulación brilla por su ausencia.

Ello significa que, como individuos, podemos establecer el precio de venta de aquello que poseemos a nuestro libre albedrío, sin más limitación que la de su aceptación por parte de la parte compradora. Un binomio en el que ambas se necesitan mutuamente pero donde quien vende lleva las de ganar si consigue crear en el potencial comprador la “necesidad” de adquirir el producto que se le ha ofrecido, tenga este el precio que tenga. Algo que las grandes compañías siempre han sabido hacer muy bien y que no pocos usuarios también están aprendiendo.

Una “necesidad” irreal

Y parece que lo retro se ha vuelto “necesario”. No se entiende de otra manera que haya quienes estén dispuestos a abonar enormes cantidades de dinero, aunque se lo puedan permitir, por juegos que a día de hoy son en su inmensa mayoría fácilmente accesibles por otras vías. Pero “tenerlo original” da prestigio y, si además, se ha adquirido a un alto precio, todavía más. Lo curioso es que, realmente, ninguno de nosotros tiene el material original sino una copia del mismo, grabada en el soporte que luego permite hacerlo funcionar a la máquina para la que está destinado. Es decir, se paga lo que se paga más por esto último que por el juego en sí y, en cuanto al envoltorio, en muchos casos casi es mejor no decir nada…

Pero esto es algo que no se piensa porque quien más quien menos, estamos tan aborregados, tan zombificados a causa de los mensajes que se nos repiten continuamente que no nos paramos a analizar según qué cosas. Así, todos hemos caído en algún momento, hemos pasado por el aro, y somos por tanto culpables de la situación a la que se ha llegado. Una situación que es ya muy difícil, por no decir imposible, de revertir porque de una manera o de otra hemos terminado creando una “necesidad” de comprar material “original” tan absurda como el supuesto valor que le damos al mismo.

Cuando la segunda mano dejó de serlo

Pero, ¿cómo se ha llegado a este punto? Aunque me lo he preguntado muchas veces, solo el paso del tiempo me ha dado una respuesta a la que se llega partiendo de la base de tener claro qué es realmente la segunda mano y cuál su premisa, su objetivo. Este mercado nació con la idea de dar una segunda oportunidad a todo aquello a lo que no se le va a dar más uso vendiéndolo a un precio relativamente bajo dada esta condición. Dicho de otro modo, un artículo de segunda mano siempre vale menos de lo que pagamos un día por él.

¿Cómo es posible entonces que, en el caso que nos ocupa, haya juegos tan caros o más que cuando salieron, por encima incluso de las novedades actuales? Simple, porque una gran parte de quienes venden esperan obtener un beneficio con dicha venta. Se busca hacer negocio y esto, cuando se da de una manera repetida, termina inevitablemente inflando el precio final del producto con el paso del tiempo. En definitiva, el origen de los precios desorbitados que vemos es seguro en muchos casos causa directa de la reventa continuada de un producto que ha pasado por demasiadas manos y donde todos han buscado sacar tajada. Práctica que tarde o temprano termina influyendo en el de aquellos que habían escapado hasta ese momento de dicha vorágine.

Es triste pero la segunda mano (o tercera, cuarta, quinta, o décima) debería, por su propia naturaleza, implicar un precio cada vez más bajo, independientemente de la “libertad de mercado” y al margen de las características singulares del artículo con el que se quiere comerciar en vez de todo lo contrario. Mientras no lo veamos así y se siga, por encima de todo, persiguiendo el ánimo de lucro, mal iremos…

Lo que antaño fue excepción, hoy es la norma

Como dije antes, todos hemos sucumbido a la tentación en alguna ocasión y adquirido juegos a un precio elevado. No es algo preocupante mientras se trate de casos aislados. El problema es que estas “tentaciones” se han generalizado aludiendo a las más variadas “justificaciones”: la maquina para la que se pensaron, una supuesta rareza o escasez, su estado de conservación, etc. Todo ello influye a la hora de establecer el precio que el usuario debe pagar si quiere tener el “honor” de poseer esas piezas.

Personalmente, hace tiempo que tomé la determinación de decir NO en casos concretos que hacen que, a fecha actual, siga sin poder disponer de ciertos títulos en mi colección. Pero es que se ha llegado a un punto en el que hay que echar el freno y dejar de mover un mercado en el que la especulación campa a sus anchas porque hay, entre otros, quienes no quieren verse como yo privados de poseer nuevos “tesoros”.

Ejercicio de sinceridad

Nada es inamovible por lo que, de la misma forma que hemos llegado a lo que tenemos, se puede ir también al extremo opuesto. Esto no quiere decir que desee la desaparición del mercado retro pero sí vería mejor un punto medio más sensato. No obstante, creo que alcanzar este objetivo pasa en primer lugar por nosotros mismos como usuarios de esta clase de material, para lo cual debemos formularnos ciertas preguntas que, a su vez, es necesario responder con absoluta sinceridad.

¿Puedo jugar de otra forma que no sea la original?

La respuesta es evidente, sobre todo en los sistemas más antiguos y que ahora son, quizá, los más afectados por la indiscriminada subida de precios que estamos viviendo. Y no debemos agarrarnos a lo de la “experiencia” porque esta, por mucho empeño que pongamos, no será ya la misma de antaño porque nosotros mismos ya no somos ese niño o adolescente que, en su momento, disfrutó de esos juegos por vez primera. Por lo tanto, tirar de emulación u otro método que evite un desembolso innecesario es siempre una alternativa a tener en cuenta.

¿Colecciono para jugar o para presumir?

Todos dicen hacer lo primero pero luego son muchos los que acaban en lo segundo, bien sea porque carecen del sistema original o no pueden hacer uso del mismo en las mejores condiciones. Al final cada uno hará lo que quiera pero si de verdad deseamos cambiar las cosas hay que comenzar por reflexionar si merece la pena o no enriquecer a otros solo por el mero hecho de poder tener una estantería repleta de juegos que, más allá de buenos recuerdos, un espacio ocupado y la consabida subida de ego en las redes sociales, no va a aportar nada.

Por supuesto, no faltará quienes se agarren a lo de la preservación, pero este argumento tiene un serio problema: ¿qué pasará con todo lo acumulado el día que ya no estemos aquí? Habrá quienes lo leguen a sus descendientes pero nadie puede asegurar que estos no vayan a deshacerse de ello a las primeras de cambio. Y los hay como yo, que no tenemos a nadie a quien dejárselo, con lo que el futuro de cuanto ahora se posee es sumamente incierto. A este respecto tengo pensadas un par de opciones pero no es momento de hablar de ello. Y por otra parte, para preservar material ya están, para empezar, las propias compañías dueñas del software y, en segundo término, las asociaciones y grupos que se quieran dedicar a esta tarea.

Realmente los videojuegos no me importan, solo quiero hacer dinero

Obviamente nadie va a reconocer en público esto último como tampoco el hecho de que su codicia esté perjudicando a otros. No hay que olvidar la antes mencionada “necesidad” que este mercado de lo retro ha generado, por diferentes vías, a quienes están buscando adquirir ciertos artículos, y hay que ser muy corto de miras para no saber que siempre habrá quienes se aprovechen de ello. Y es a esta gente (por llamarla de alguna forma) a la que hay que apartar y aislar en lo posible para que no puedan continuar con su “negocio”.

Sin embargo, puede que haya quienes lo estén haciendo sin ser del todo conscientes de ello, pensando tal vez que los precios que manejan son los correctos puesto que es lo que ven o así se lo han dicho otros. Pero también pueden estar errados, y es sobre esto último y sus repercusiones por lo que hay que plantearse esta cuestión.

Cayendo en la misma trampa una y otra vez

En resumen, una sumisión más de entre las muchas que, con los años y en mayor o menor medida, los usuarios hemos aceptado resignados. De algunas hablé en su momento en este artículo, pero no solo no hemos reaccionado sino que volvemos a caer una y otra vez. Y no hay mejor prueba de esto que el crecimiento que está experimentando el mercado de los NFTs pese al rechazo de una parte de los usuarios que ya ha provocado la marcha atrás de más de una compañía en sus pretensiones. Sin embargo, las que siguieron adelante a pesar de las críticas han terminado haciendo negocio al lograr colocar sus “productos únicos”.

Lo mismo sucede con el mercado retro, con la salvedad de que en este caso no existe apenas presión popular en contra de los precios “libres” de muchos juegos. Al contrario, a muchos incluso les parece bien y lo justifican de muy diversas maneras, bien por la creencia de que ha de ser así o por intereses propios, por lo general económicos.

Va siendo hora de hacer algo

Lo he mencionado en numerosas ocasiones, y continuaré haciéndolo: en nuestra mano está que las cosas sean distintas. Y en lo que respecta al comercio de productos y/o servicios, nuestra aprobación o rechazo marcará tendencia pero solo si somos muchos los que seguimos una misma dirección. Por desgracia, mientras los que alcemos la voz seamos cuatro gatos nada cambiará.

Un viejo proverbio indio dice que en cada ser humano habitan dos lobos, uno bueno y otro malo. Depende de uno mismo alimentar a uno o al otro. Esto también se puede aplicar al mercado retro y a un montón más de cosas que utilizamos a diario. Debemos, pues, elegir: ¿mataremos a la bestia o la seguiremos alimentando?

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