Palworld

La “gracia” del Pokémon con pistolas

“Pokémon con pistolas”, así es como los medios se refieren al que está siendo un fenómeno de masas en Steam, llegando a superar en número de jugadores incluso a GTA V. Palworld es el nombre de un juego que, al parecer, ha sabido conjugar con maestría el frenetismo de los battle royale con la presencia de unas criaturas adorables para millones de personas en todo el mundo pero no para mí. Y es precisamente mi incapacidad de comprensión de este furor lo que, sin ánimo de crítica alguna, me motiva a escribir este post…

Pokémon, Digimon y ahora Palworld. Desconozco si existen más ejemplos similares aunque, de haberlos, no serán tan mediáticos o de seguro ya habría escuchado o visto algo de ellos en algúna ocasión. Pero, centrándome en los conocidos, os digo desde ya que a pesar del paso de los años y de haber llegado incluso a visionar algún que otro episodio, sigo sin verles gracia alguna a unos seres a menudo, y siempre desde mi punto de vista, bastante simples tanto en diseño como comportamiento.

Como es obvio, los detalles se me escapan. Algo normal dado que no he profundizado en sus respectivos universos pero es que, para llegar al fondo de algo, antes tiene que haber un primer acercamiento o aproximación, motivado por la atracción que ejerce aquello que despierta tanto interés. Y en lo que a mí respecta, en estos casos dicha atracción no existe. Dicho de otro modo, nunca fueron algo que me llamase la atención y será por eso que me cuesta tanto comprender el fanatismo que existe en torno a ellos.

No obstante, hay hilos de los que puedo tirar y uno de ellos es su mencionado poder mediático. ¿Cuántas veces hemos oído hablar del efecto llamada de algo o del sentimiento de pertenencia al grupo? Estos aspectos hacen que mucha gente se acabe sumando a aquello que está de moda simplemente por eso mismo, lo que no quita que luego lo acabe disfrutando aunque, en principio, no se acercara por decisión propia sino por haber sido engullido por la masa.

Pokémon Store

Por otro lado, la comercialización de multitud de productos relacionados también puede generar esa atracción puesto que no es necesario conocer primero la obra original para sumergirse en ella. Es decir, se puede llegar por otras vías más afines a los gustos propios para al final, de una manera o de otra, verse atrapados sin remedio en la vorágine.

Este segundo punto es más admisible. No así el primero, que muy poca gente estaría dispuesta a reconocer abiertamente por lo que ello implica en términos de criterio propio o, más bien, de falta del mismo. Sea como sea, los hechos son los que son y lo que está claro es que esta clase de personajes tiene mucho poder, y no me refiero al que les otorgaron sus creadores. Ahora bien, nada de lo dicho es suficiente para convertirme en un acólito y ferviente adorador de la “religión Pokémon” o cosa análoga. Yo camino por senderos muy diferentes y jamás me desviaré en esa dirección, con lo que continuaré sin saber de primera mano qué tienen estos bichos que tanto gustan…

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