Censura Succubus

Hace poco adquirí, gracias a una oferta, el juego Succubus en su versión de consola (PS4), un título que cuando llegue el momento por supuesto analizaré aquí. De mientras, espero disfrutarlo pese a ser, como tantas otras obras en diversos ámbitos, víctima de la censura. Y este tema, la censura (en especial la que sufre este juego), es sobre lo que hoy quiero opinar en el blog.

Un problema generalizado

La censura creativa o, dicho de otro modo, las presiones que de cualquier forma un autor recibe para modificar su obra a criterio de terceros son algo que rechazo de pleno. En una época en la que tanto se aboga por la libertad de expresión y de identidad (sobre todo en lo referente a la sexualidad), duele ver cómo todavía hay quienes, por diversas razones, no dejan que un público concreto pueda disfrutar plenamente de una obra claramente dirigida a él y a nadie más.

Decidiendo qué nos conviene y qué no

Todos sabemos que muchos de los juegos más aclamados por crítica y usuarios ofrecen en sus propuestas ciertas dosis de sexo, violencia y otros temas que no son adecuados para un público menor de edad. De hecho, no pocas veces se ha visto prohibida su venta en mercados concretos debido precisamente a este hecho, sin que ello afecte luego a su éxito.

Por supuesto, el cada vez mayor realismo visual contribuye al impacto que estos títulos generan en quienes los juegan y de ahí, me imagino, el control que se ejerce por parte de los organismos que se encargan de valorar si ese contenido es o no adecuado para cada franja de edad.

Lo que yo no termino de entender, y menos aceptar, es la doble vara de medir que a todas luces se puede ver en este asunto puesto que nunca afecta a todos por igual. Habrá más, seguro, pero yo me voy a quedar con dos títulos concretos que, creo, reflejan bien lo que quiero decir.

Cyberpunk 2077: pechos, vaginas y penes a gusto del consumidor

El primero es Cyberpunk 2077, el título de CD Projekt Red. En su momento pude probarlo para PS5 aunque no llegué muy lejos pues no fue de mi interés, por lo que muchas cosas no llegué a verlas aunque con la cantidad de vídeos de gameplay que existen, eso ya no es un problema.

El caso es que, en este título, la representación de los órganos genitales masćulinos y femeninos es totalmente explícita. De hecho, son un elemento a editar del personaje, y no creo que esté ahí solo como algo meramente estético, si bien por lo poco que he podido ver para escribir este post, las escenas de sexo luego no enseñan nada. O casi nada.

No obstante, en Succubus encontramos a una protagonista y resto de personajes que muestran sus atributos distorsionados por un filtro y, pese a que en este caso sí parece que es más directo a la hora de plasmar ciertas acciones (si es así, lo comentaré cuando toque), no hay que pensar mucho para darse cuenta de los motivos reales que hay tras esta decisión. Luego hablaré de ello.

Doom: cuanto más bestia y sangriento, mejor.

El otro ejemplo que quiero mencionar porque viene que ni pintado por las muchas similitudes que Succubus guarda con él sería Doom. Me refiero, eso sí, a las entregas actuales que ofrecen la jugabilidad rápida y directa de antaño pero con un aspecto y realismo acorde a los tiempos actuales.

En ambos títulos tenemos como principal misión matar criaturas del infierno y podemos hacerlo, si así lo decidimos, de la manera más violenta posible, con litros de sangre salpicándolo todo a nuestro alrededor. Por fortuna, en este sentido no encontramos censura alguna y ello me lleva a reflexionar sobre dos cuestiones…

¿Qué es peor, el sexo o la violencia?

La primera es que, por alguna razón (o razones), el sexo o ya simplemente la mera exposición de las partes íntimas de un ser humano, independientemente del contexto en el que se muestren, es algo que por lo visto genera mucha más incomodidad que la pura violencia u otras cosas que, por contra, se han normalizado y no son objeto de censura alguna, al menos en la mayor parte de los mercados.

Y la segunda es, como dije antes, el doble rasero que se usa para decidir qué se censura, qué no y, sobre todo, dónde. En mi opinión, juegos como los mencionados Cyberpunk 2077 o Doom, y otros tantos que a buen seguro contienen escenas susceptibles de enseñar más de lo que tal vez deberían son, obviamente, garantía de éxito y, por tanto, de beneficios.

Dicho claramente: mueven mucho dinero, y ese caudal no puede verse bloqueado por moralidad alguna. En cambio, en productos más desconocidos, que no aspiran a vender tanto y que, como en el caso de Succubus (un “spin-off” de Agony, otro título que también pasó sin pena ni gloria), basan su atractivo precisamente en aquello que se censura, este aspecto no parece tenerse en cuenta y si hay que modificar algo, se modifica y punto.

Cincuenta años, y todavía no hemos aprendido

No es este un tema nuevo. Censura en los videojuegos la ha habido siempre y mucho me temo que así seguirá, por lo que debemos reflexionar sobre su aplicación y los criterios que se tienen en cuenta, los cuales a mi juicio no son para nada acertados. La libertad creativa debería tener la misma importancia que las demás en todas las áreas y los videojuegos, por y pese a ser un producto de masas, no tienen por qué ser la excepción.

Hay normas y leyes más que suficientes para regular y tratar de controlar que un producto no se utilice de manera inapropiada. Tiempo habrá para juzgar si determinada obra es buena o mala, quien puede disfrutarla y quien no, pero lo primero y más importante es que llegue intacta, tal cual la concibieron sus creadores.

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